Ir al contenido principal

Historias de verano

historias de verano, de amigos y de vida
historias de verano, de amigos y de vida
~*~
Llegaron a aquel pueblo desde distintos caminos, con historias alejadas, y similares miedos. Miedo a la luz, miedo al mar, miedo a la gente. Ahogados en un mundo oscuro que habla de rebeldía ante una vida que aún no conocían. No se hicieron amigos queriendo, ni por impulso. Fue la coincidencia de un momento que se repitió con insitencia durante muchas tardes de aquellos días. Hay una sola manera de contar las cosas más oscuras, con la luz de la mirada del que escucha a tu lado. Así fue como se descubrieron eternos. Una tarde, cuando el sol ya anunciaba el final, se hicieron el juramento de volver siempre que uno cayera a aquel lugar, ese en el que los dos miraban de la misma manera, con la misma luz.

Ese verano se prometieron seguir tocando el sol. Cada día. Al final de todo. A pesar de la distancia.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Paraíso extraño en el que me hallo

Inspirado en "El desierto de mi isla" de Elvira Sastre Soy una isla. Paraíso extraño en el que me hallo y me hundo, tendida al sol, con la piel abierta y resquebrajada por el calor que aprieta desde lo alto y profundo del ser. Humana. Rodeada de mar. ¿Cómo no ahogarse? Cómo no aprender a nadar. -Ven, báñate conmigo pero no te quedes más de lo necesario que la compañía te asusta, recuerda-. Y a mí, hay sombras que me abruman si se alargan demasiado en pleno día. No siempre es verano en las playas, el agua también llueve lejos de las olas mojando la brisa que abraza la arena, el cielo, los árboles y las rocas. Entonces nadie quiere ser isla. La mayoría prefieren ser casa que no es lo mismo en todas partes, ni siempre cobija. Pero yo, allí, en medio de la tormenta, de la nada que nada espera me quedo quieta, siendo ese sueño donde muchos se camuflan como iguanas de la vida. Y soy tronco, soy hierba, soy tierra, soy piedra. Soy gota que ah...

Te vestí de invierno

Te vestí de invierno, una mañana en medio del cielo abierto. Te vestí despacio, en un intento de no hacerte daño. Vestí tu cuerpo desnudo cubierto de espuma y salitre. Nadie se dio cuenta del daño que había tras las vestiduras. Ni tan siquiera notaron tu rictus ausente. Ahora ya no importa lo que digan, el miedo a perdernos seguirá presente mas, yo, volveré a vestirte siempre. Texto y foto @nuria_sobrino