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Centro perfecto que se muerde la cola

El cielo no quiere ser azul
se queda plomizo,
con ese toque de gris que empaña los días abiertos.
Días que cantan al borde del mar,
sonando de fondo,
como esa canción que nunca te cansas de escuchar,
como esos ojos que siempre te miran,
de esa forma.
Suspiras.

Déjame que duerma un rato más,
déjame que pierda la noción del tiempo,
de ti, de mí, de las dos,
y quedarme a vivir en esa playa
donde las olas nos tragan de golpe,
sin avisar.
Despues, despiértame cariño.

Como cada día,
como cada noche.
Oscuridad y luz en un solo punto medio
ese que ni brilla ni deslumbra,
ese en el que pasa lo que nunca sucede
y sucede lo que siempre nos pasa.

Centro perfecto que se muerde la cola.

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