Jack vino a verme esta mañana

Jack el Destripador vino a verme esta mañana. Un cielo gris tras el cristal, un café amargo, como me gusta, en el desayuno y los ojos cerrados en medio de un adiós sin pronunciar.

De tópicos puedo hablar, frío metal que en nombre de Dios de muerte hirió mi mundo.

Pero si te cuento la verdad, la mentira del universo se queda pequeña ante mis pobres delirios de grandeza.
¿A Dios?
¿Quién pronunció tu nombre sin mi consentimiento?
Adiós soy yo en el preciso instante en que tus ojos dejaron de mirarme.
Adiós soy yo cuando te pienso en el recuerdo que tu no te llevaste.
Adiós soy yo cuando me trago el orgullo entero del mar por no llamarte más.
(A) Dios rezo para esconder tu piel de mis recuerdos.
(A) Dios pido encontrar el camino que me traiga de vuelta mi cuerpo en ti tatuado.
(A) Dios escucho en mi pecho mientras salto de trago en trago los días que cruzan tu camino perdido.

¿Por qué no un asesinato?
Uno que desgarre todas tus caricias a oscuras y salpique de lágrimas falsas las paredes de esta habitación que te vio desnuda.
Una masacre.
No.
Por Dios no.
Pero por tu adiós mataría hasta la última gota de cordura que el bourbon pudiera ahogar.

¿Quizá no fue ese Jack el que vino a verme esta mañana?
¿Quizá no fuera esta mañana?
Quizá esta noche me acuerde más.
De tu (a)Dios.

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