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Mostrando entradas de 2015

y lo sabes

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Escupir a la cara del recuerdo, ese que martillea sobre el yunque golpe tras golpe dando forma al herido.
Intentar gritar tu nombre desde el precipicio, tirarlo desde lo alto y dejarlo escapar. Quiso herirlo. Y lo sabes.
Tu nombre y apellido pisotearlos en medio de la calle como al desvalido mendigo que golpea sin piedad el tipo alta de clase media. Quiso hacerlo. Y lo sabes.
Tender la mano y darle la limosna que haga más mísera su existencia. Delante de todos, para que le vean sumiso ante las costumbres de la vida. Corriente abajo. Corriente arriba.
Lo intentó. Tantas veces como fracasó. Y lo sabes.
Lo sabes porque aún sonríes cuando mira a otras en otros bares y te recuerda en cada trago.
Lo sabes cuando abre la puerta para salir corriendo y acabar siempre en el mismo sitio.
Lo sabes porque siempre te lo dice cuando en plena resaca escupe a tu cara el recuerdo de tu olvido.

Desdibujada entre sombras

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Me puedo desdibujar en los recuerdos de aquellas noches. Ahogarme con los borrosos tragos de suspiros lejanos que, se arrastran como siervos mundanos del cielo empedrado, ese que anuncia agua. Lluvias de otoño, invierno o verano, qué más da la temporada, si la estación es la que pasa de infierno en infierno cada vez que te pienso en otra primavera.Puede que nunca supiera dibujarte  como te lo merecías, y que la saturación terminara por emborronarte sin remedio, sin medias tintas ni tonos claros. Y claro, el color se aja, y el artista se olvida de lo que en realidad importa, la obra de arte. Tú, mi obra de arte.Ahora te pienso en medio de nada, encerrada en esa palabra tan mencionada. Vintage. Pero sin el toque de estilo que puede resucitar lo viejo y recordarle que lo mejor de la vida pasó de moda, de largo, de lo que sea, pero pasó. Pasó y ya no está. Ya no estás.Ni tan siquiera en la memoria del papel, couche, mate o verjurado. Con toques dorados en una esquina, que le da ese aire d…

Me perdí de vista

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Perdí de vista mi vida, en un lejano día que ni llega, ni se olvida.
Me perdí de vista.

Cuéntame una historia - Noche, beso, despedida

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Despedí la noche con un beso a ciegas, en medio de un tumulto de risas cercanas que no me hacían ninguna gracia. Era como estar en invierno dentro del mismísimo infierno. No recuerdo muy bien mucho más. O no quiero recordar. Qué más da. Los detalles nunca se quedan conmigo, esos pequeños enanos inquietos que no dejan de aparecer en cada esquina de este jardín que es la vida. Nunca me quedé con sus nombres. El único que recuerdo es el enanito gruñon, curioso, de este no me olvido. Al final de cuentas (otra cosa que no controlo), lo que importa es el resultado, ¿no? Y como dicen las matemáticas, uno más uno son dos. Ahora quítale uno y te quedas contigo misma. Suma y sigue, si tienes ganas.

La culpa fue mía, por querer despedirme, de noche, y con un beso. Hay momentos en los que es mejor pirarse con lo puesto, deprisa, sin decir nada y sin dejar pistas. Pero no, yo tuve que ser "bien educada", como mis padres me enseñaron. Si fuera maestra, le enseñaría a los niños una verdad …

Yo soy

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París Kenia Griego Beirut Kurdo Gaza Judio Cristiano Musulmán Budista México Ruso Ucrania Líbano Tiananmen Sirio Irlanda del Norte Hiroshima Nagasaki Hutu Tutsi Camboya Manila Sidi Rais Londres Tibet Argentina Vannista Serbio Armenio Nanking Túnez Madrid India Nicaragua Indio Americano Chile Chino Sudafricano Nueva York An Lushan Somalia Indígena Esclavo Hombre Mujer Humano Hermana Tú Él Nosotras Vosotras Ellos
Yo soy todo Yo soy nada Yo soy




Showroom

Voy a desvestirme despacio.
Poco a poco.

Me iré quitando las dudas
de encima.
Desabrocharé la tristeza,
soltaré el odio
de las piernas
y,
con mucha delicadeza,
desataré la responsabilidad
atada
       a
     la
       espalda.

Dejaré cada cosa en su sitio,
dentro del armario
que abro y cierro
cada vez que busco algo
(nuevo)
para despistar el mal cuerpo.
Al final,
siempre me pongo lo mismo,
pero yo
siempre
lo intento.

Mañana volveré a abrirlo
y me pondré de nuevo
toda
mi ropa
para vestir el día desnudo y  cubrir la piel abierta.
Quizá,
pruebe algo diferente
y me ponga la tristeza
debajo
y la sonrisa encima.

Superponer tendencias dicen que está de moda.

De vez en cuando me pierdo

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Puede que me pierda de vez en cuando, lo admito. Entre dimes y diretes, prisas y cagando leches, ahoras y de inmediato. Pues sí, lo más lógico es marcharse y perderse. Para no volver.

Las expectativas simpre te las ponen altas, y lo normal es que tu quieras saltar aún más alto, ya sabes por eso de quedar bien. Ante el espejo. Ese que ni te mira. Ese que tu crees que te mira.

Ante semajante alarde de "valentía" (para entendernos mejor, llamémoslo gilipollez), lo más normal es que te caigas. Sí. De bruces y sin almohadillas. Y sí, te haces pupa.

Deberíamos aprender de la experiencia (dolorosa) que nos deja marcados de heridas de esas que no se ven. De esas que se llevan por dentro. Escondidas debajo de la sonrisa tan bien puesta. Pero como "los debería", lo normal es que nos los pasemos por el forro de los pantalones (a la altura de los cojones siempre), pues repetimos la experiencia.

Al final, llegaremos a viejos, si llegamos, y seremos como casi todos. Quejicas, ca…

Un domingo de lluvia

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Te dejas caer un domingo
(cualquiera)
de lluvia,
estrellando tu olvido
contra el cristal.
Despertando lo que fue mi vida
del sueño
(que fue la tuya).
Inundando de mar
todo lo que rodeaba
el infierno instalado
en ese invierno,
que por momentos,
nunca termina.

Por un momento,
cerré los ojos,
y no escuché tu latido
de súplicas.

Por un momento,
abrí la ventana
y dejé que te escaparas.

Nunca me dijo adiós

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Vi su espalda mientras se alejaba.
Antes de girar y doblar la esquina
se dió la vuelta,
por un instante me miró,
y me vió.
Una vacía sonrisa asomó en su rostro,
luego se volvió
y siguió su camino.

No la he vuelto a ver,
pero nunca me dijo adiós.

Quizá

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Quizá este sea el momento, ese en el que por fin miras de frente a la vida, y sin miedo, te lanzas a ella.
De lleno.
Sin paracaídas.
Con las manos abiertas y el cuerpo suelto, para que los golpes no duelan tanto.Quizá hoy te atrevas, a soltar el pasado que arrastras de lejos y cargas por encima del mañana.
De golpe.
Sin mirar atras.
Dejando el paso liviano de quien aún quiere soñar y volar.Quizá el miedo vuelva una vez más, por la espalda y sin avisar, tu estómago siempre lo olerá.
De nuevo.
Sin piedad.
Sembrando los días con todas las pesadillas de aquellas noches perdidas en la oscuridad que nunca te dejan en paz.Quizá.
El quizá siempre vuelve.
Quizá,
hoy lo dejes pasar, de largo.
Quizá.

Somos instantes

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Hay momentos que pasan a tu lado sin a penas darte cuenta. Son de esos de los que casi nunca te acuerdas, ni le das demasiadas vueltas. Simplemente, un día cualquiera, como muchos más, sucedieron.
Así mismo, sin pena ni gloria, como se fue, llega un instante en que, ese, justo ese, te aplasta. Se revuelve, sigiloso, como si nada. Y de pronto, dado la vuelta, te agarra del pecho, te mira y te grita a la cara: ¡mírame! ¡Aquí estoy! ¡Soy yo! ...por favor, no me olvides.

Somos instantes.

Piedras del camino

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A veces, las piedras, te hacen ver otra perspectiva del camino.

El tiempo perdido entre metáforas y otras cosas de estas

¿Sabes cariño,
que a veces,
de pronto,
se me clava en el estómago
unas ganas tremendas de verte?
¿Que se me cuela
por una esquina del corazón
una sonrisa
pasada
que me despierta el recuerdo de tu boca?
¿Y que las cosquillas
de la imaginación
acarician
hasta la penúltima célula de mi memoria
que desea tenerte
muy cerca
ahora?

Hay instantes
que duran
eternidades,
y momentos que horadan el tiempo sin saber quedarse quietos.
Yo me paro,
en
uno
de
ellos,
en el que te tengo.
Y por más que lo atrapo no se repite eterno.
Te recuerdo
cada vez
que por el mundo
te huelo.
Te sueño
cada vez
que en el horizonte
cierro los ojos.
Y te veo.
Mas no te tengo.
Mas tenerte anhelo.

Sabes cariño,
que intento
escribirte
en tu ausencia,
que te busco
en palabras
que dibujan tu presencia
(lo intentan),
en un mar abierto
de besos,
perdidos,
palabras susurradas
y miradas
cercanas,
con tus manos
sobre mi piel
acariciando
la luna
de una
noche
eterna.

Tu noche.
Mi luna.

Llegará un día, cariño,
en el que la poesía
sólo me hable
de ti en primera persona,
y mis letras
sólo sepan…

Me acerco y te miro

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Me acerco y te miro
y al mirarte sabes que me veo.

Me veo en tus palabras,
en tus sentimientos,
en tu anhelo,
en tu recorrido
que te llevó hasta el mío.

Me sereno al contemplar tan bello paisaje,
laguna verde, acogedora y tan hermosa.
Tu serenidad apaga mi ansia
cuando lloro y mis lágrimas descansan en tu mirada,
y esos pececillos tan inquietos
que rondan cada día por mis aguas,
antes revueltas,
hoy tranquilas,
se calman.
Desde que me veo.
Desde que te veo.
Al mirarte.
Al mirarme.

Septiembre

Voy a pintar septiembre de mil colores, de esos que me descubriste, de esos que me regalas al verte, además del marrón y del verde, del blanco y el negro, el gris, el azul, el rosa y el amarillo, que para eso se inventaron los tonos y los pantone mi vida. Lo haré un siete, mejor que un nueve. Te lo explicaría mejor, quizá otro día, hoy prefiero encerrar el duelo en el cajón que no se abre, aunque tampoco por siempre se cierre.
Nunca supe las consecuencias que me traería dibujar aquellas letras, esas que solté a bocajarro un día de esos que te pilla el frío del final del verano, de repente. En realidad, nunca supe nada, y seguiré toda mi vida sin saberlo todo cariño, eso te lo aseguro. Pero soñarte fue lo más bonito que hice. Y saberte es lo más bonito que tengo. Es curioso lo de estos verbos. Porque contigo hago de los sueños realidades, y tu y yo tenemos realidades aún por soñar a raudales.
Voy a seguir hablando de septiembre, por hablar de algo, que ya sabes que hablar no es lo mío.…

Hoy (contigo) me gusta

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Te busqué tanto.
En las esquinas abiertas y las curvas cerradas, en la luz, en la oscuridad, en los puñales fríos que se clavan en invierno, en las hogueras de San Juan, en los días que nunca acaban de un mes de Julio, en las fiestas, el alcohol sin medida y el olor a libro nuevo que te recuerda que todo vuelve a empezar.
Te busqué tanto.
Y al final, cuando te encontré, casi me equivoqué. Me tropecé en todas las esquinas. Atravesé las curvas sin frenar. Quise apagar el sol. Encender la noche. Calentar el invierno. Apagar el fuego. Saltarme el verano y nunca volver empezar.
Y hoy, te sigo buscando. Cada día. Y hoy, te sigo descubriendo. Cada día.

Y hoy me gusta.


Hoy me gusta desconocer lo que pasará y desear que pase contigo.
Hoy me gusta mirarte con los ojos abiertos y cerrarlos cuando me besas.
Me gusta saber que a veces hablas sin parar, y a veces te callas.
Me gusta tener ganas de verte, e incluso, a veces, me gusta no tenerlas.
Hoy me gusta saber que no tenemos que entenderlo todo.
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El dolor existe en cada gota de bondad.
Grita a voces por ser perdonado,
pero su ser es inquebrantable,
e inevitable.
Tiene que estar.
Tiene que ser.
Sentir.
Doler.
Marcar.
Enseñar.
Y quedarse para recordar
lo que una vez fue.
Siempre será.
Y jamás olvidarás.
Sigues caminando.
Viviendo.

Algún día

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El hambre de tantos años,
se acumula en el centro de todo lo que eres.
La mayor  parte de los días no molesta,
simplemente duerme,
pero a ratitos abre los ojos y se despierta.
Ruge,
se remueve,
grita
y llora desesperado,
hasta que consigue oírte, y vuelve a dormirse.

Son esos momentos,
de desesperación,
de anhelo.
Son esos momentos,
en los que te rompes,
en los que mueres un poquito
por dentro.

Día tras día
te va quedando menos.
Día tras día
repites tu verdad.

Algún día...

el hambre se irá.

Cómo decir te quiero sin esperar respuesta

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Cómo decir te quiero…sin esperar respuesta

Dibujando en el viento tu sonrisa
con los colores de mis recuerdos.
O cerrando los ojos para estirar mi mano
y rozar con mis dedos tu cara
en el hueco vacío de tu cuerpo
junto al mío en la cama.
Soñando despierta con tu mano
aferrada a la mía
mientras camino sola por la arena.
Besando tus labios,
¡divino sabor de fruta prohibida!,
en cada pareja que mis ojos
contemplan amándose
en el banco de debajo de mi casa.

¡Cómo decir te quiero sin esperar respuesta!

Soñando con momentos que no llegan.
Imaginando una vida completa a mi alma desconocida.
Amando con todas mis fuerzas.
Amando…

¿Cómo decir te quiero sin esperar respuesta?

Quererte es la respuesta.

Desde que te respiro

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Desde que te respiro ando mejor de lo mío
El médico me ha dicho que los delirios han desaparecido. No hay restos de intoxicación, y trago mejor las dichas, incluso tras las desdichas. Ya no necesito reposo, ni guardar los milagros para otro momento. Ahora, tan sólo vivo de mirarte cada mañana cuando me despierto, cada noche cuando me acuesto, y pensarte en los momentos de vacío.
Dejé las pastillas y el viejo tratamiento de evitar los disgustos. Hay días que aún me pierdo -dios me libre de salir del laberinto- pero contigo, me parece divertido. Nunca entendí la diferencia entre analgésicos y antiinflamatorios, pero cuando te tomo despacio y a pequeños sorbos no hay culpa que me duela en el pecho. La cabeza ya ni te cuento, se me perdió aquella noche que te miré a los ojos, creo que aún anda buscando la salida de este cuento, en alguna hoja perdida de esta historia de locos.
Si de enfermedad he de morir todavía que sea de la tuya, pero ya te digo, desde que te respiro ando mejor de lo …

Historias ancladas

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Hay historias que perduran, ancladas en la arena de los recuerdos, hundidas en un mar de reproches que baten sus olas cual temporal de invierno. Y las dudas afloran con la marea baja. Y se encallan, y permanecen atadas al alma hasta el próximo día que salga el sol.

Me perdí, lo reconozco. Me ahogué en mi propio vómito de culpas ajenas y excusas propias. Sin mirar, sin querer mirar, con las manos en los bolsillos y la cabeza gacha para no ver la tierra girar. En un mundo imaginado que quería pintar sin saber a penas dibujar. Nunca entendí los porqués, tampoco intenté hacer preguntas, con callar me bastó, para qué decir nada, ni más ni menos. A bocajarro disparé al destino, y herré el tiro. En un descuido me respondió la suerte, corriendo por patas, en la primera esquina que doblé, aprovechó y me perdió de vista. No soy nadie para suplicar reproches, ya ni las súplicas me hacen efecto. Gasté todas mis cartas en una partida amañada, y perdí. ¡Hay que ser mantas! Ahora, ya no busco nada, …

Verso versos

 (intro)verso Soraya Benítez (adaptación)
Verso versos, algunas veces.
En ellos me vierto para olvidar los olvidos en un escueto encuentro de sentidos exaltados. Acariciando lamentos de viejas historias que se escriben con tinta amarga. Lento, sin saber a dónde lleva el camino, si es de ida o sólo te lleva de vuelta a ese rincón en el que me pierdo cada vez que te escribo, cada vez que te leo.
Verso a verso me sumerjo en un mundo donde hay hielos ardientes y fuegos fríos. Muros que te llevan al cielo y bosques encantados que se tragan tu silueta reflejada. Mil caretas y una sola puerta de entrada o salida. Hay tantas descabelladas letras que, de pronto, se juntan para acariciarte, desgarrarte, amarte, ahogarte, sonreírte, abrazarte, abofetearte, insultarte, susurrarte, gritarte…
Entre verso y verso las palabras se pierden en un vasto universo de posibilidades, y la poesía las encuentra, las junta y forma esa hermosa melodía que suena donde los oídos del mundo no escucha, pero el alma …

Bailar con los deseos pegados

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Bailar descalzas con los deseos pegados. Hundidas las miradas en la luz que enciende las palabras. Esas palabras que acarician sin necesidad de manos, sin necesidad de sonar más allá de mi boca pegada a tu piel. Palabras que hablan despacio, recorriendo todo el camino que siempre quisieron recorrer. Ese camino que cuando callan, anhelan en gritos ardientes de aullar al mundo que es tu cuerpo donde habita mi sentido. A veces callo, callo y sólo miro. Dejo que me trague ese universo desconocido que me atraviesa con tan sólo un suspiro. Y me pierdo. ¡Oh, sí! Me pierdo.
Entre sonidos, palabras, tus ojos, la música y los míos, de vez en cuando tropiezo. Tropiezo en tu espalda. En tus piernas. En tus muslos. En tu vientre. En tus pechos. Tropiezo una y otra vez. Reconozco que, a veces, soy un poco torpe y…tropiezo.
La música se agarra fuerte a mis senos, me aprieta, me pellizca y me acaricia todo mi ser, con esa melodía suave y tierna pero ávida de cuerpo y piel a la vez. La escucho, la si…

(Te)

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Delante te tengo,
te lamento,
me arrepiento.
Delante,
a un tiro de caricia.
Delante
de ese muro que construyo
para no decir
(te)
las cosas a la cara,
de verdad
o de mentira,
para no decir
(te)
nada. Y entonces,
delante
(te)
lloro.

Sueños tirados en la calle

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Cada día me encuentro más sueños tirados en la calle. Los veo por todas partes. En los parques, en los bancos, en una esquina de cualquier calle, o en medio de aquel lugar que no lleva a ninguna parte. De mañana, de tarde y de noche los veo. Agotando los tiempos muertos, guardando los recuerdos en cualquier agujero para no volver a verlos. Sucios. Hambrientos. Con las ojeras colgando de las manos abiertas, y los ojos apretados en los puños para contener la rabia, para no ver lo que alrededor pasa. Pasan los turistas de otras vidas, o los que siempre van de paso pero nunca pasan. Los de la vida vacía y la cartera llena también pasan. Los que no miran ni por donde caminan. Los que miran y aún y todo tropiezan. Los que a veces paran. Y, los que siempre paran.
Se están llenando las ciudades, rebosan de urgencias e impaciencia por llegar, siempre corriendo, al final de cada día. Entre tanta prisa, ¿cómo mirar por dónde se pisa? Construimos murallas que salvaguarden nuestra conciencia, alt…

Tormentas tras el cristal

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Para la mayoría, las tormentas son para ver tras el cristal.

Pero si no sales a fuera, nunca oirás la ira del mar gritando libertad, ni sentirás el viento azotando la conciencia de la naturaleza despierta ante la vida, ni verás llorar las nubes sin consuelo intentando saciar la sed de la tierra pisada sin paz... Tras el cristal, encerrada en esa confusa seguridad, no hay tormenta...ni hay vida.

El mar calma mi pena

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Sabes, el mar calma mi pena, consuela mi dolor tantas veces paseado por su orilla, dejando escapar en la libertad de su inmensidad los suspiros de aquello que no encuentro...quizás el mar, que tanto ha visto, vea por mí aquello que yo busco, quizás la brisa me devuelva algún día el suspiro que busca al mío.

Voluntad

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Despeinada la mirada y la sonrisa traviesa sin querer. Queriendo me robó aquello que guardaba debajo del colchón. ¿Cómo explicar al loco corazón que baila libre y contento que no sienta y se quede quieto? ¿Cómo decirle que se olvide? Que lo deje pasar y mire para otro lado, esquivando esas balas que tus ojos disparan. Balas que atraviesan los silencios y los sonidos, horadan de pecho a espalda las ganas y la impaciencia. No se a dónde apuntaban tus pupilas pero herida de muerte calló mi voluntad.
La voluntad de amarte en todas tus vertientes. De dibujarte con mil colores, de beberte a pequeños sorbos con mis labios sedientos de saborearte. Voluntad de volar en tu vientre, escalar tus pechos, perderme en tu océano, enredarme en tu pelo y despeñarme desde tus piernas hasta tocar el cielo.
Sólo un camino lleva a tu piel, yo caminaré hasta el último kilómetro y al final ya no habrá camino, ni piel, ni tu, ni yo. Sólo habrá un universo infinito estallando en un suspiro.

Decidí

[…]
pero preferí averiguar
qué eran los dos bultos
que me nacían en la espalda
y echarme a volar.
Begoña Abad

Decidí romper esta cadena que me ata
a los pies de tu cama
con desgana,
sin importar si es de noche o es de día,
si estoy a solas conmigo o
sólo vivo los restos de tu presencia.

Decidí escupir ese sabor amargo
que me queda
tras el sorbo de un encuentro,
abandonar el camino,
no cargar con tus culpas
ni pedir más disculpas,
romper los glaciares,
recoger los
cristales
de la vida
que rompiste
y buscar mi desvío.

Decidí no volver a salvarte
volar y no ahogarme,
cerrar las puertas del infierno
y caminar descalza por el cielo.

Decidí ser yo,
solamente yo,
sumando una y no dos.
Sin un "nosotros" que nos una
restarte a ti es la solución.

Decidí ser libre.
Ser yo.

Sexta colaboración Soraya Benítez Nuria Sobrino

Olvidar

Olvidar,
oh quisiera,
todas mis vidas.
Centrarme,
sólo en esta
en la que me miras, y de pronto,
la bruma
se disipa.

Olvidar,
los recuerdos de niña,
cuando el miedo me invadía
de pesadillas
que asustaban
(y asustan),
a la pequeña pecosa
de las trenzas y las coletas
que valiente príncipe
se creía.

Olvidar los juegos infantiles,
cerrar heridas,
crecer,
aumentar en perspectivas
y hacer altas
las miras.
Soñar
con tocar el cielo
y volar.
Caminar por el arco iris,
navegar sin velas
al lado de los delfines,
saltar
tan
alto
que las vallas
no puedan frenar al viento.

Por qué no...


Olvidar las limitaciones
impuestas por costumbre.
Las lenguas
que hablan y reptan
entre palabras
convertidas en
moribundas,
echadas en los discursos
sin gloria ni pena.
Arrojadas
como
fieras hambrientas
que horadan
las almas en vela,
porque las vidas
ya no les alimentan.


Olvidar
todas las modas
con las que vestí
mi subsistencia.
Desnudarme.
Robarte una mirada,
y quedarme a vivir
en ella.

Libre

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Te escapas,
entre las rendijas de los sueños de cada día.
Entre mis dedos que intentan asirte,
¿cómo se sujeta el aire?
Eres libre,
y tu libertad te embellece.
Y así yo te amo cada noche,
libre.

Vacía

Vacía el hogar, la maleta
y esa mirada puesta.
La que aderezas
con unos toques
de vida interpuesta.
Donde los remates no llegan
se esconden las peores vivencias.
Ahogadas en noches sombrías
que desalojan eternas vidas.
       Esas que no se cumplen.
       Esas que se olvidan.
Barres los restos de los supiros
y los escondes debajo de la alfombra,
para que no se te olvide
que algún día
tendras que recogerlos.
Ya no recuerdas qué te contaba la luna
cuando a la noche se escondía
debajo de tus sábanas.
Asustada de su propia vida
visitaba un hogar
conocido de su penumbra.Tus oscuras veladas de
insomnio gratuito
consumieron entero el cirio.
No sopló nadie,
se apagó solo,
como quien oye llover
debajo del olivo,
resguardado de las gotas
del mal querer,
pero expuesto al ruido,
y a la tragedia
que riega el campo
de tanto desperdicio.Y ahora, con todo a cuestas
y sin nada que perder
tira todas las apuestas
y camina
como si nadie te pudiera ver.

Quiero...

Quiero decirte...
Quiero agradecerte...
Quiero...

La vida son esos momentos
cotidianos, pero intensos,
vividos sin prisa,
que pasan sin darte cuenta.
Recordados en el olvido
de sensaciones perdidas
guardadas en un rincón,
nunca hallado, pero siempre buscado.

Simplemente

Y por un momento te vi a ti, simplemente a ti.






Decir(te)quiero

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Decir: “te quiero”,
diré
si te miento.

Decirte: “quiero
ver un mañana
en tu olvido”.

Despertar del sueño
que te viste de seda
en un mundo de cuero.
Borrar las tormentas
que calan los huesos
―y el alma―
como la niña pequeña
que ensaya caligrafía
corrigiendo las letras torcidas.

Decirte: “no quiero mirarte”,
pero te miro porque no puedo
dejar de hacerlo.

Cómo cuesta despegarse
de los besos,
de los recuerdos.

Voy a descoser
todos mis bolsillos
para que salga
la calderilla,
que deja la bolsa llena
de peso sin valía.

Por eso, decir: “te quiero”
es algo
que ya no puedo
decir contigo.

Despegarme
quiero.

Despegarme
de la que vuelve
para quedarse
cuando yo no quiero,
cuando ya me he ido.

Despegarme
las dudas
y las excusas
que disparan las mentiras
con dirección
de ida y vuelta.

Despegarme
del camino
de tus vértebras
donde llevo atadas
mis manos
en un abrazo suicida.
También, pegadas
a mis costillas
llevo tus sonrisas
y, a mis piernas,
tus caricias.

Despegarme
digo que quiero
cuando tu foto
es…

(A)Diós

A Dios
dije una noche,
no llores más debajo de mis sábanas,
escondido del insomnio
de quien ni duerme ni despierta.
Deja la conciencia
tirada en aquella playa,
desierta,
donde la bruma  nunca se disipa,
anclada cual estatua
como la mujer que volvió atrás la vista.

A Dios
pedí el cielo
una noche de invierno,
o verano,
ya no me acuerdo.
Con las estrellas quietas
para que yo pudiera contarlas
una a una,
dibujando mis sueños sobre ellas.

Adiós
quiero decir.

Adiós a los monstruos
que se esconden debajo de la cama
las noches encendidas
de rayos y centellas.

Adiós entre dudas y certezas
agarradas al estómago
un día cualquiera de borrachera,
y eso si te acuerdas.

Adiós
al camino entre hortigas
que de tanto luchar con ellas
te llenan aún de más heridas.
A las batallas perdidas,
a los billetas de vuelta,
siempre más pequeños que los de ida.
A las golondrinas
que siempre seran oscuras
desde mis cristales si me visitan.

A Dios
quiero decir
y adiós digo.
Ni contigo ni sin mí,
pero a mi manera,
déjame vivir
mi pena o mi castigo.

(Des)bordando el mar

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Dando brazadas en un vaso
a punto de rebosar,
desbordada,
salpicando todo fuera.
A mi alrededor, el mar.

Desbordada, casi ahogada
con tanta meada ciega.
Cerrar los ojos
quisiera,
no darme cuenta de nada.
La ignorancia da la felicidad,
dice su balada.
¡Formateen todos mis principios!
¡Bórrenme los amores!
Quemen la papelera
y olvídense del backup.

¡Desbordada!
Desbordada y cansada de gritar
en esta selva en la que todos luchan.
¡Quiero parar!
Quiero invernar en un lugar
donde el político sea oso hormiguero
y los banqueros solo ardillas
con castañas para custodiar.
Quiero pasar allí el invierno,
lejos de la incertidumbre
y este malestar.
Quiero dejar de remar
entre tanta gota corrompida.
Ojalá encuentre una salida,
el camino
que me lleve a la ciudad

donde la horchata recorre las venas.

No tengo miedo a lo desconocido,
quién sabe,
quizá allí coja el ritmo.
Si la encuentro,
colgaré un marco en la puerta (de mi casa)
que diga:
“aquí ahogarse está prohibido”.

Curta colaboración: Soraya Benítez Nuria Sobrino 

Sólo un camino lleva a tu piel

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Sólo un camino lleva a tu piel, yo caminaré hasta el último kilómetro, y al final ya no habrá camino, ni piel, ni tú, ni yo. Sólo habrá un universo infinito estallando en un suspiro.

Molesta es hoy mi palabra

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Buenos días, se suele decir.
Cualquier mañana de cualquier día. Muchos por pura cortesía,
y algunos, con hiriente ironía.
Mas estos hoy a mi me salen del sentir de mi casi alma. Digo casi
por no decir nada,
pues hoy ando molesta. Que no digo inquieta
ni furiosa o hambrienta.
Aunque si miro ahí,
donde el vacío pasa
sin pena ni gloria,
hambre hay,
de eso,
de gloria.
Molesta,
esa es hoy mi palabra.
Molesta el día.
Molesta el calcetín.
Molesta la bruma.
Molesta la gente que grita.
Molesta el niño y su pelota.
Molesta el camarero,
¡maleducado!
Molesta la bocina
del coche que pita
al coche que para
en doble fila.
Molesta la bici
y el "biciclista"
que casi me pilla.
Molesta la acera
con la baldosa suelta
que salpica.
Molesta la política.
Molesta la injusticia.
Molesta el hambre
de los pobres
olvidados de la vida.
Molesta la vida
de los que la desperdician.
Molesto yo
con tanta molestia.

Duele sin mí

Nada más solitario que el dolor
porque también excluye a quien lo siente,
si con él se traiciona o se acompaña.
De mi propio vacío
siempre yo el excluido.
Luis García Montero.


El dolor me ha echado de mi propia soledad.
Ahora vago sin ti, sin él, conmigo,
ahogada en mi mutua compañía.
Profundidad, oscuridad sin límite
que empieza y termina en mí.

Te nombro,
al viento que pasa
sin pronunciar palabra.

No veo tu rostro, carente de memoria.
No respondes, tan solo te escondes en alguna miseria urgente,
olvidando los pronombres
que nos mencionan.

Ausente de tu silencio
dentro de algún tugurio
apartado de la cordura,
empapo en vino palabras esquinadas
en el olvido.

Soy yo quien vino a por el trago
mas siento que es el vino quien me traga.
No importa el sentido, aquí y ahora,
entre tanta gente doliente,
gritando al mundo.

La noche en las calles de esta ciudad
deshabitada
alumbra a los desmemoriados
que llevan el paso
a
   rras
          tra
               do.

Y yo
me detengo debajo
de cada farola
buscando la luz que cure
la amnesi…

De cisnes, ladrillos y asesinos...por venir diciendo algo

Devorando cisnes
se labraron muchos el porvenir
—por venir diciendo algo—
Invisible corazón
que devora esperanza(s)
Vida de la que llaman civilizada
ellos,
ellas,
la opulencia renombrada.Esperpento reflejado en las caras.
Deambulando sin seguro de asistencia técnica
por una autopista de seis carriles.
Desvencijada la postura
del joven que voló
en busca del salvavidas
mirando de frente al miedo.
¡De frente!
Más alto que las nubes
se encontró el muro,
inalcanzable,
infranqueable.
Construido con ladrillos agrietados,
lleno de agujeros
(re)llenados,
resquebrajando la casa
que habitaba
el del primero izquierda,
o el del segundo derecha,
la mano no importa.
Al final,
se derrumba.
Sin estruendo,
sin consecuencias,
suyas.Derruido el aliento
en el lodo de los que juegan
al Monopoly con tus sueños
—y tu dinero—.
 Entre prebendas,
grandes cenas y comidas
que nos quitan
para tirar a la basura.
Miran para otro lado,
esquivando las cestas de la compra vacías,
olvidando los libros de los niños,
igno…

Enzarzada

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Cómo llego a ti
si me pierdo a lo lejos
y me enzarzo
cuando te tengo delante.

Cómo acariciar el
humo pétreo
que te envuleve
sin salir ilesa, ni con el corazón lleno de sarpullidos
más que herido.

Cómo no quedarse
helada,
fría,
húmeda,
rancia,
salada
y olvidada
por el tiempo, o el espacio que más da
si yo no te encuentro.

Cómo ver, si me escondes,
en el silencio
que no habla
más que lo que calla,
ni menos muestra
que lo que no enseña.

Cómo no perderme
Cómo encontrarte.
Cómo...

Abriendo huecos

Abramos un hueco en la vida,
en las horas que nos roban
las obligaciones asumidas.
Hurguemos en la herida abierta
de tantos días diciendo sí
mientras el no se nos dormía.
Dejemos correr el agua
enlodada de mentiras,
ahogada
en la corriente cívica
de sociedad y pleitesía.
Ellos,
imprevistos,
en un momento de descuido
tiraron de la cisterna,
sin tan siquiera habernos
dado tiempo a mear
fuera del tiesto.
Nos arrinconaron los momentos,
nos hicieron suyos
sin tener permiso,
ni de ellos
ni nuestro.
Como quien ve pasar un tren
en la distancia
dijimos adiós a tantas cosas...
Soñar era gratis,
pero vivir,
¡vivir se ponía por las nubes!
Buscábamos entre la basura
del tiempo,
regateando momentos,
inventando espacios
que nunca encontramos
y a pesar de tantas paradojas
nos seguimos hallando.
Entre sonrisas y miradas,
torrentes de palabras
acariciadas por la aire
que se estremece
ante la piel
de las caricias imaginadas.
Rodeadas de ladrones de silencios
y de algarabías ahogadas.
No tuvimos
playa ni de…

Mar que lloras

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Rescatando antiguos naufragios...





Mar vacío que lloras
porque tus hijas te abandonaron.
¡Escupe tu furia
contra la madre usurpadora!,
esa que te roba
las esperanzas de toda una vida.
¡Levanta la cabeza!
... y observa,
ya no te queda nada.
Riqueza incomparable
que un día tu alma atesoraba
hoy enmudece ante la mirada
de esa sonrisa abandonada.
¡Contesta a mi pregunta!
¿Por qué dejaste que te las quitaran?
Hoy ya no hay llanto que valga,
ni vientos ni tormentas
servirán para devolverte
aquello que más amabas.

Día demente

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Hoy me pillo por banda el tumulto. Se me arremolinó dentro y estuvo inquieto. Mirando por aquí y luego por allá. Estrujando, apretando, me asustó, me irritó, por momentos me enfadó y hubo un instante en el que me estranguló la vida, con doña angustias de por medio. Como un cuento de miedo, de los que empiezan con muerte del yo y en todo su auge destripan el día hasta que te caes rendida ante la realidad de la vida.
Y parece mentira lo que cansa tanto remolino dando vueltas. Nadas a contracorriente desde que amaneces, y aunque con todas tus fuerzas intentes alcanzar ese lugar donde tocas pie y te sientes medio segura, la resaca te arrastra al medio de ese sitio en el que no te ahogas. Pero te hundes, te hundes y tragas agua hasta que el aire ya no se siente.
Agotada ando, arrastrando cuerpo y sujetando mente. No se por cual empezar el mantenimiento... ¿alguna sugerencia demente?

Tengo el sentimiento revuelto

Tengo el sentimiento revuelto.
Ahí anda,
(an)dando vueltas
de las tripas hasta la cabeza.
No para quieto.
Remueve miedos.
Nauseabundo el corazón
el aliento,
el lamento,
mi ego.
La cuerda estira,
tira,
marea las ideas,
ahoga las entrañas.
Chilla,
grita,
de pronto corre
y sube hasta la garganta,
por un momento,
casi (lo) vomito,
pero se (me) quedó
dentro,
en el fondo,
muy adentro

Navegando con aires del sur

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Donde se pierden las miradas, ahí descansa su alma, o se agita, ante un mar de flores de naranjos y azahares añorados en la distancia. Arriando las velas de los anhelos y las penas en los mares de los sentimientos, revueltos y agitados por las tormentas de la vida, a ondanadas por momentos casi hundida ante esas olas que con todo arrasan...y aún así inmascerable, a flote en busca de ese rayo de sol que es su vida.

Tu piel clara de ayer. Hoy mi piel abierta

Sábanas suaves y limpias
                                       tu piel
que me arropan bajo la noche
                                       clara
abrigada del mundo lejano
                                       de ayer
abrazando el día cubierto de sombras.
                                       Hoy
entre las dudas y los miedos
                                       mi piel
estremece al mundo ante tu alma
                                       abierta.

Recuerda

Subes las escaleras con pasos cansados de otro día que termina, con el bolso, la compra, las carpetas y la vida acuestas. Un día más. Un día menos. Esa mirada no favorece. Entristece la sombra ya apagada de media tarde, o medio día tirado por el retrete, depende de como se mire. Te enfundas la sonrisa que ya no convence y entras. En casa. En casa, sucia de porquería, llena de mil cosas sin hacer, de niños que quieren ser adultos -así empezamos todos el suicidio colectivo-. Entras. En casa, sucia de quejas, llena de mil cosas sin decir, de adultos que se comportan como niños. Entras. En casa. Y tu quieres salir. Esa rueda que da mil vueltas, que un día hiciste girar por tan sólo un beso. Ya ni te acuerdas. Dicen que había amor. Dicen tantas tonterías. Ya no recuerdas. Dijeron que eso es lo que era la vida, lo que se espera. Dicen aún todavía. ¿Tu ya no te acuerdas? ¿Te acuerdas de los recreos en el cole, cuando imaginábamos nuestras vidas? Casarnos en vaqueros, en la playa. Tener una …

Todas las tardes de domingo

Hoy recupero una poesía vieja, de viejos tiempos, de viejos recuerdos. Permanecen para recordarme cada día todo lo que he logrado vencer.


Manto de otoño que cubres las soñolientas calles de mi nostalgia,
escucho tu lamento en el susurro de la noche,
tus golpes despiertan mi inocencia dormida
y añoro tus palabras en mis recuerdos perdidos.


Me detengo y escucho.
Allá, en la profundidad del silencio,
te busco.
No estas,
pero te siento
en cada palabra que pronuncio.


La lluvia me habla,
escupe esas palabras tan repudiadas.


Manto de otoño que siembras todas las mañanas
los deseos de mi alma en las miradas de los vampiros
de las noches ya pasadas.
Sus labios sedientos de vida
palidecen en tinieblas ante la muerte venidera.


Y a veces lloro
ante mi reflejo.


Y a veces miento.


Frío metal imperecedero
que se clava tan adentro.
Me hieres.
Me quieres.


Manto de otoño, despiértame del sueño imposible en que vivo,
háblame de esos momentos que robaste a otros amantes hoy esquivos
y cuéntame el final de mil historias perdidas en …

Surcando mares

Imagen
Surcaré tus mares a través de las tormentas.
Atravesaré las nubes oscuras del miedo.
Navegaré entre las olas del desconcierto.
Deseando ser tu.
Deseando ser yo en ti.
Deseando ser el mar
tormentoso
de nubes oscuras
entre el miedo
de tu desconcierto.Cuando me encuentre,
seré tu puerto.

Se me coló la bruma

No se porque costado se me coló la bruma.
En un movimiento falso.
Se introdujo en mis costillas.
Ahí duerme, con toda su penumbra.
Despierta,
a ese llanto constante
de aquella niña fuerte
que, de repente,
ya no fue niña,
ni fuerte.
Ahí anda, buscando la salida.
Mientras tanto,
el viento frío, penetra. Humedad sin alivio,
no deja salir al invierno.
Sopla y corre a sus anchas.
Entre nervios
-sin acero-
músculos
y células.
De abajo hacia arriba,
viceversa y vuelta.
Sin tiento.
Arrasa. Sentimiento.
Para cuando mi corazón quiso darse cuenta,
ya no encontró norte al que asirse.
Triste.
¡Fue de repente!
El gesto se me quedó puesto.
A veces, se disfraza de risa,
o de vino. Vino.
Sí, se coló,
arrasó
y ahora no quiere erguirse.
Quizá, mañana
pruebe a asomarme.
Quizá, hasta me de por abrir una ventana
y dejar que salga.

La chica del café

Segunda colaboración conSoraya Benítez

Su vida.
Aquella tarde ella era una sombra
que orbitaba la cuchara en la taza
para distraer los miedos.
Hilos de humo de un café recién hecho
bailaban como serpiente hipnotizada.
Rodeada de gente en una tasca cualquiera.
Así se sentía,
cualquiera.
El ruido envolvía su mesa, aunque
solo oía el silencio de la cuchara en la taza.
Pasó horas grises de su crepúsculo,
olvidada por la hora, el tiempo y el espacio,
olvidando lo que era, lo que buscaba,
tragándose a sorbos pequeños ese sabor amargo
de quien reconoce que ya no recuerda.
Pagó y salió, casi sin darse cuenta,
dentro de aquella rueda de días iguales
donde el reloj no marca,
donde el reloj no explica cuánto le queda
a esa  melancolía de otoño
que sueña con ser primavera.
Y una vez más, como siempre que abandonaba su cueva,
se tropezó de golpe con el mundo.
Las calles pedregosas brillaban tras horas de lluvia.
Se acomodó el abrigo.
Tenía esa clase de frío que no se quita con la ropa.
Ni sin ella…